Mejora en la explotación de los olivares con nuevos sistemas de cultivo

Los olivares bien gestionados se comportan casi como un bosque, frenando la erosión, fijando el dióxido de carbono o multiplicando la biodiversidad. El olivo es un árbol longevo, resistente a temperaturas extremas y acostumbrado a tierras difíciles. En Jaén existe un inmenso bosque de sesenta y cuatro millones de árboles, distribuidos en seiscientas mil hectáreas. La gestión del patrimonio natural, creado por el hombre, da lugar a daños evidentes para el medio ambiente, sobre todo cuando se busca la máxima productividad, sin reparar en sus consecuencias. Los expertos, técnicos agrícolas y ecologistas sostienen que es posible obtener beneficios económicos de los olivares sin tener que arrasar flora y fauna, tradicionalmente consideradas enemigas de los agricultores. La obsesión del olivarero por ver los suelos desnudos de vegetación, se va atenuando. Hay esperanza de mejora en la explotación de los olivares con nuevos sistemas de cultivo, más sostenibles, menos agresivos en unos terrenos que han perdido demasiada materia orgánica. Investigadores de la Universidad de Jaén han comprobado que si los agricultores manejan adecuadamente sus olivares disminuirá el CO2 en la atmósfera. Intervenciones: Juan Morales de Coca (Ingeniero técnico forestal), Pedro Rey (Catedrático de Ecología de la Universidad de Jaén), Francisco Javier Pulpillo (Biólogo de SIECE), Roberto García (Catedrático de Ecología de la Universidad de Jaén).

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