Incendios forestales: conocimiento, prevención y conservación
Los incendios forestales constituyen una de las principales amenazas para la conservación de los ecosistemas, la biodiversidad, los suelos, los recursos hídricos y el patrimonio natural de España. Además, generan importantes consecuencias sociales y económicas, afectando a las personas, las infraestructuras y al medio rural. Por ello, su prevención debe abordarse desde una perspectiva integral basada en la gestión forestal sostenible, el conocimiento científico y la conservación de los ecosistemas.
Los montes proporcionan servicios ecosistémicos esenciales, como la conservación de la biodiversidad, la regulación del ciclo hidrológico, la protección del suelo y la fijación de carbono. Estos principios están recogidos por ley, que establece la necesidad de desarrollar medidas coordinadas de prevención, detección y extinción de incendios forestales, y en la que establece la conservación de los procesos ecológicos esenciales y el uso sostenible de los recursos naturales.
Los incendios forestales son fenómenos complejos en los que intervienen factores como las condiciones meteorológicas, la topografía, la vegetación, los usos del suelo y las causas de ignición. Por ello, la prevención no puede limitarse a la extinción, sino que debe incluir la planificación territorial, la gestión forestal sostenible, la investigación de las causas y el mantenimiento de un medio rural vivo y funcional. La propia ley establece que los programas de prevención deben apoyarse en la investigación de las causas de los incendios y, especialmente, de aquellos de origen intencionado.
Desde la Sociedad Ibérica para el Estudio y Conservación de los Ecosistemas (SIECE) consideramos necesario avanzar hacia una estrategia integral que permita reducir el número de incendios prevenibles, limitar su severidad y aumentar la resiliencia de los ecosistemas forestales, siempre desde el conocimiento y la conservación de la biodiversidad.
El nuevo escenario de los incendios forestales: el cambio global como desafío para la conservación
Los ecosistemas forestales han convivido históricamente con el fuego como parte de su dinámica ecológica. Sin embargo, el cambio global, los cambios en los usos del suelo, el abandono de determinadas actividades tradicionales y la pérdida del mosaico agroforestal están modificando las condiciones en las que se desarrollan los incendios, favoreciendo en determinadas zonas una mayor continuidad de la vegetación y el riesgo de incendios de alta intensidad. El IPCC ha establecido con un alto grado de certeza que la actividad humana ha provocado el calentamiento del sistema climático, mientras que se reconoce la necesidad de aumentar la resiliencia de los ecosistemas frente a los efectos del cambio global.
No obstante, es importante diferenciar entre la vegetación y materia orgánica que forman parte del funcionamiento natural del bosque y aquellas condiciones que favorecen una rápida propagación del fuego. La madera muerta, la hojarasca y la materia orgánica son elementos esenciales de los ecosistemas forestales: participan en el reciclado de nutrientes, contribuyen a la formación y fertilidad del suelo, almacenan carbono y proporcionan alimento y refugio a numerosos hongos, microorganismos, insectos saproxílicos, aves y pequeños vertebrados. Por ello, la prevención de incendios no debe basarse en la eliminación indiscriminada de biomasa, sino en una gestión selectiva y adaptativa que reduzca la continuidad de la vegetación allí donde suponga un riesgo elevado de propagación, manteniendo al mismo tiempo los procesos ecológicos y la biodiversidad del bosque.
Los incendios forestales son fenómenos complejos en los que intervienen las condiciones meteorológicas, la topografía, las características y distribución de la vegetación y la causa de ignición. En este contexto, se considera necesario avanzar hacia una gestión del territorio basada en el conocimiento científico, la conservación de los ecosistemas, la recuperación de paisajes diversos y la adaptación al cambio global, con el objetivo de reducir los incendios prevenibles, limitar su severidad y aumentar la resiliencia de nuestros ecosistemas forestales.
Gestión forestal adaptada a la naturalidad y características de las masas forestales
La prevención de los incendios forestales debe basarse en una gestión forestal sostenible y adaptada a las características ecológicas de cada territorio y de cada masa forestal. No todos los bosques tienen la misma composición, estructura, grado de naturalidad o capacidad de respuesta frente al fuego, por lo que no deben aplicarse modelos de gestión homogéneos a realidades ecológicas diferentes.
Bosques naturales y seminaturales
Los bosques naturales y seminaturales presentan una elevada importancia ecológica por su diversidad de especies, estructuras y edades, así como por la presencia de regeneración natural, madera muerta y otros elementos esenciales para la biodiversidad. Su gestión debe orientarse prioritariamente a conservar su estructura, biodiversidad y dinámica natural, realizando únicamente las actuaciones preventivas que estén técnica y científicamente justificadas. La prevención de incendios en estos ecosistemas no debe traducirse en actuaciones generalizadas de eliminación de vegetación o materia orgánica, sino en intervenciones selectivas cuando sean necesarias para reducir riesgos concretos y proteger a las personas, bienes y ecosistemas.
Masas forestales de origen antrópico o procedentes de repoblación
Las masas procedentes de repoblaciones forestales han desempeñado importantes funciones de protección del suelo, restauración hidrológico-forestal y recuperación de terrenos degradados. Sin embargo, determinadas masas pueden presentar una estructura homogénea, elevada densidad o una elevada continuidad horizontal y vertical de la vegetación, condiciones que pueden favorecer la propagación de incendios de alta intensidad.
En estos casos, resulta necesario impulsar tratamientos selvícolas selectivos y adaptativos que favorezcan una mayor diversidad estructural y específica, reduzcan la continuidad de la vegetación donde suponga un riesgo elevado y aumenten la resiliencia de las masas frente al cambio global. Siempre que las condiciones ecológicas lo permitan, estas actuaciones deberían favorecer su evolución hacia estructuras forestales más diversas, estables y próximas a las condiciones naturales del territorio. La prevención eficaz exige gestionar cada masa forestal según sus características y necesidades, combinando la prevención de incendios con la conservación de la biodiversidad y de los procesos ecológicos.
Un medio rural vivo como herramienta de prevención de los incendios forestales
La prevención de los incendios forestales no depende únicamente de la gestión forestal y de los medios de extinción. El mantenimiento de un medio rural vivo y gestionado es también fundamental para conservar paisajes diversos, favorecer la prevención y facilitar la detección temprana de los incendios.
La ganadería extensiva como herramienta de gestión
La ganadería extensiva, cuando se adapta a la capacidad de carga de cada territorio y se gestiona adecuadamente, puede contribuir al mantenimiento de pastizales y matorrales, reducir la continuidad de la vegetación y favorecer paisajes más diversos y resilientes frente a los incendios. Además de su función productiva, constituye una actividad tradicional vinculada a la gestión y conservación del territorio. Contempla el fomento del silvopastoralismo y la trashumancia, incluyendo entre sus objetivos la prevención de incendios forestales, la conservación del patrimonio natural y la generación de actividad y empleo en el medio rural. Favoreciendo la viabilidad económica de la ganadería extensiva, facilitar el relevo generacional y reconocer los servicios ambientales que esta actividad puede proporcionar cuando se desarrolla de forma sostenible. Mantener una ganadería extensiva bien gestionada contribuye tanto a la conservación de los ecosistemas como a la prevención de incendios y al mantenimiento del paisaje rural.
Recuperar un medio rural vivo
El abandono de determinadas actividades agrícolas, ganaderas y forestales y la pérdida de población en amplias zonas rurales han transformado profundamente el territorio. Recuperar y mantener un medio rural habitado, activo y gestionado puede contribuir a conservar paisajes en mosaico, mantener actividades tradicionales y favorecer una mayor presencia y conocimiento del territorio. El desarrollo sostenible del medio rural establece entre sus objetivos el mantenimiento de la población rural, la mejora de su calidad de vida y un desarrollo territorial equilibrado. Un medio rural vivo favorece además la vigilancia y detección temprana de los incendios, gracias a la presencia habitual de agricultores, ganaderos, trabajadores forestales, propietarios y habitantes que conocen el territorio y pueden alertar rápidamente ante un conato. Favorecer las condiciones necesarias para que las personas puedan vivir y desarrollar su actividad en el medio rural, garantizando servicios, infraestructuras, conectividad y oportunidades económicas vinculadas a actividades sostenibles, que es también una forma de conservar nuestros ecosistemas y mejorar su capacidad de respuesta frente a los incendios forestales.
Infraestructuras preventivas y gestión estratégica del territorio
La prevención de los incendios forestales requiere una planificación territorial que combine la gestión forestal sostenible con una red estratégica de infraestructuras preventivas, adaptada a las características de cada territorio. La prevención no debe limitarse a la apertura de cortafuegos convencionales. Es necesario crear y mantener una red de cortafuegos, fajas auxiliares, áreas de discontinuidad y otras zonas estratégicas de gestión, diseñadas según la topografía, la vegetación, la climatología y el comportamiento esperado del fuego. Estas actuaciones deben reducir la continuidad de la vegetación en las zonas de mayor riesgo, facilitar el acceso de los equipos de extinción y mejorar la seguridad durante las labores de control. Esta gestión debe realizarse de forma selectiva y con criterios ecológicos, evitando la eliminación indiscriminada de vegetación.
Protección de la interfaz urbano-forestal
La proximidad entre las zonas forestales y los núcleos habitados incrementa el riesgo para las personas, viviendas e infraestructuras. Por ello, se propone establecer áreas estratégicas de gestión del territorio con una anchura mínima recomendada de 1 kilómetro alrededor de los núcleos de población situados en contacto con terrenos forestales o zonas de elevado riesgo. Esta franja no debe entenderse como un cortafuegos completamente desprovisto de vegetación, sino como un paisaje de baja continuidad del combustible que dificulte la propagación de incendios de alta intensidad. En ella podrán integrarse usos compatibles con la prevención. Se considera necesario avanzar hacia un modelo de prevención basado en paisajes diversos y resilientes, donde las infraestructuras preventivas, la actividad agrícola y ganadera y la gestión forestal sostenible actúen conjuntamente para reducir la propagación de los incendios, proteger a la población y conservar la biodiversidad.
Gestión de residuos en el medio natural como medida de prevención
La conservación de los ecosistemas forestales requiere también una adecuada gestión de los residuos. El abandono de escombros, neumáticos, plásticos, restos de poda, botellas de vidrio y otros materiales deteriora los hábitats, el suelo, el agua y el paisaje, y pueden actuar como fuente de ignición. Es necesario reforzar la vigilancia, retirada y restauración de los puntos de vertido ilegal, así como mejorar la coordinación entre las administraciones competentes y garantizar la aplicación efectiva de la normativa.
En este ámbito, SIECE desarrolla el proyecto “Stop Vertidos Ilegales”, una iniciativa de conservación y participación ciudadana destinada a localizar, identificar y documentar vertidos incontrolados en el medio natural y trasladar la información a las administraciones competentes para favorecer su gestión y retirada. Un medio natural libre de vertidos y adecuadamente gestionado contribuye a mejorar el estado de conservación de los ecosistemas, reducir determinados riesgos asociados a la actividad humana y facilitar las labores de vigilancia, prevención y extinción.
Investigación de las causas de los incendios forestales y persecución de sus responsables
La prevención eficaz de los incendios forestales requiere conocer con precisión por qué se producen, establecer que los programas de prevención deben basarse en la investigación de las causas de los incendios y, especialmente, de las motivaciones que puedan determinar su origen intencionado. La Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico clasifica oficialmente los incendios en cinco grandes grupos: naturales, negligencias y accidentes, intencionados, reproducciones y causas desconocidas o en investigación. Los datos de la EGIF muestran que, entre los incendios cuya causa ha podido determinarse, predominan los de origen antrópico, ya sea por accidentes, negligencias o intencionalidad. Esta diferenciación resulta fundamental para aplicar medidas de prevención adecuadas a cada situación. Es necesario reforzar los medios destinados a la investigación de las causas, aumentando los recursos humanos y técnicos y mejorando la coordinación entre agentes medioambientales, cuerpos de seguridad, servicios de emergencias y equipos especializados. Determinar el origen de cada incendio permite mejorar la prevención y reducir la repetición de conductas de riesgo.
Cuando las investigaciones determinen la existencia de conductas negligentes o intencionadas, deberán aplicarse las responsabilidades administrativas o penales que correspondan conforme a la legislación vigente. En particular, los incendios provocados de forma deliberada pueden constituir delitos contra la seguridad colectiva y el medio ambiente, de acuerdo con el Código Penal.
Es necesario que exista una mayor información pública y transparente sobre la investigación y resolución de los incendios forestales. La ciudadanía debe poder conocer, dentro de los límites establecidos por la legislación y mientras las investigaciones permanezcan abiertas, si se están aplicando efectivamente las leyes, cuántos incendios han sido investigados, cuántos responsables han sido identificados o detenidos y cuál ha sido el resultado de los procedimientos judiciales o administrativos. También resulta fundamental informar sobre aquellos incendios cuya causa haya sido determinada como negligencia o accidente, con el objetivo de conocer quién o qué actividad ha podido originarlos y adoptar medidas preventivas que eviten que vuelvan a producirse. La falta de información sobre estos aspectos dificulta conocer la verdadera dimensión del problema y valorar si las medidas de prevención, investigación y persecución están funcionando adecuadamente.
Los incendios provocados deliberadamente deben ser perseguidos con todos los medios disponibles y sus responsables, una vez determinada judicialmente su culpabilidad, deben ser condenados por sus actos y cumplir las penas de prisión que correspondan conforme a la gravedad de los hechos y a la legislación vigente. Provocar intencionadamente un incendio forestal constituye una conducta de extrema gravedad por sus posibles consecuencias sobre las personas, los ecosistemas, la biodiversidad, los bienes y el territorio. El ordenamiento jurídico español ya contempla penas de prisión para los responsables de incendios forestales. Es necesario que la legislación vigente se aplique de manera efectiva y que los responsables de incendios provocados sean perseguidos e investigados y, cuando exista una sentencia firme que determine su culpabilidad, condenados conforme a la gravedad de los hechos. Es fundamental que las administraciones competentes faciliten información pública y transparente sobre la aplicación de estas normas y sobre los resultados de las investigaciones y procedimientos judiciales, respetando en todo momento los límites establecidos por la legislación y la protección de las investigaciones en curso. La ciudadanía debe poder conocer cuántos responsables han sido identificados, investigados, detenidos o condenados por incendios forestales y cuáles han sido las consecuencias jurídicas de sus actuaciones. Esta información resulta fundamental para valorar si el sistema de prevención, investigación y persecución está funcionando adecuadamente y si las penas previstas están cumpliendo realmente una función disuasoria. Si se considerase que las penas actualmente previstas no resultan suficientemente disuasorias ante los supuestos más graves, se considera necesario promover las modificaciones legislativas oportunas para establecer condenas más severas y proporcionales a la gravedad de los hechos, especialmente cuando se ponga en riesgo la vida de las personas o se produzcan daños ambientales de gran magnitud. Asimismo, debería estudiarse que el cumplimiento efectivo de las penas responda a la gravedad de estos delitos y que no puedan producirse reducciones o beneficios que desvirtúen su finalidad disuasoria, siempre dentro del marco de los principios constitucionales y de la legislación penitenciaria.
Reforzar los recursos humanos y materiales destinados a la prevención y extinción de incendios forestales
La prevención y extinción de los incendios forestales requiere disponer de recursos humanos y materiales suficientes, estables y adecuadamente distribuidos. Establece la responsabilidad de las administraciones públicas en la prevención, vigilancia y extinción de los incendios forestales y contempla la elaboración de planes anuales que garanticen la disponibilidad de los medios necesarios.
La creciente complejidad de los incendios hace necesario contar con profesionales suficientes y adecuadamente formados, incluyendo técnicos forestales, agentes medioambientales, bomberos forestales, brigadas, personal de vigilancia, coordinación y apoyo. La formación continua debe incorporar los avances científicos y técnicos relacionados con el comportamiento del fuego, la prevención, la seguridad y la conservación de la biodiversidad. Del mismo modo, resulta imprescindible disponer de medios terrestres y aéreos modernos, seguros y eficaces, así como de sistemas de comunicación, vigilancia, cartografía y otros recursos tecnológicos que permitan una respuesta rápida y coordinada. Estos medios deben mantenerse en condiciones óptimas y adaptarse a las características y necesidades de cada territorio. La prevención y extinción son actuaciones complementarias que deben desarrollarse durante todo el año.
Rechazo de la desinformación y defensa del conocimiento científico
La prevención y gestión de los incendios forestales deben basarse en el conocimiento científico, la experiencia técnica y los datos oficiales. Los incendios son fenómenos complejos en los que intervienen factores climáticos, ecológicos, territoriales y humanos, por lo que simplificar sus causas o atribuirlas a explicaciones sin respaldo científico dificulta la adopción de medidas eficaces. Establece que los programas de prevención deben apoyarse en la investigación de las causas de los incendios y contempla actuaciones de concienciación y sensibilización de la ciudadanía.
La difusión de mensajes negacionistas, bulos, informaciones falsas, contenidos descontextualizados o afirmaciones carentes de respaldo científico, puedan generar confusión sobre las causas, evolución y consecuencias de los incendios forestales. Es importante que, durante situaciones de emergencia, la información difundida proceda de fuentes oficiales y de profesionales y organismos con conocimiento técnico y científico. Los medios de comunicación, las administraciones, las entidades científicas y los profesionales del sector tienen una responsabilidad compartida en la difusión de información rigurosa, contrastada y comprensible. Informar con rigor también es una herramienta de conservación, ya que permite comprender mejor el funcionamiento de los ecosistemas, prevenir conductas de riesgo y favorecer una sociedad más comprometida con la protección de nuestros montes.
Conclusiones
Los incendios forestales forman parte de la dinámica natural de determinados ecosistemas, pero los incendios de gran intensidad y extensión pueden provocar graves impactos sobre la biodiversidad, los suelos, los recursos hídricos, el paisaje y la seguridad de las personas. Por ello, establece la prevención, detección y extinción, junto con la investigación de sus causas, como elementos fundamentales de la defensa frente a los incendios forestales.
Es necesario asumir que los incendios forestales no desaparecerán por completo. Algunos tendrán causas naturales y otros estarán relacionados con accidentes, negligencias o acciones intencionadas. El objetivo debe ser reducir aquellos incendios que pueden prevenirse, limitar su intensidad y extensión y aumentar la resiliencia de los ecosistemas y del territorio.
Para ello, resulta imprescindible actuar durante todo el año mediante una gestión forestal adaptada a cada ecosistema, el mantenimiento de un medio rural vivo, el impulso de la ganadería extensiva, la conservación de paisajes en mosaico, la correcta gestión de los residuos, la investigación de las causas y el refuerzo de los recursos de prevención y extinción.
Desde SIECE defendemos una prevención que compatibilice la protección frente a los incendios con la conservación de la biodiversidad y de los procesos ecológicos. La gestión forestal no debe basarse en la eliminación indiscriminada de vegetación, sino en actuaciones selectivas y adaptativas que permitan mantener ecosistemas funcionales, diversos y resilientes. La protección de nuestros montes significa también conservar el suelo, el agua, la biodiversidad, el carbono y los numerosos servicios ecosistémicos que proporcionan a la sociedad. Para conseguirlo es necesaria la colaboración entre científicos, gestores, profesionales forestales, propietarios, agricultores, ganaderos, entidades conservacionistas, administraciones y ciudadanía.
Los incendios forestales siempre existirán, pero muchos pueden prevenirse. Reducir su número, limitar sus consecuencias y conseguir que nuestros ecosistemas y nuestra sociedad estén mejor preparados frente al fuego es una responsabilidad compartida. La mejor defensa no comienza cuando aparece el incendio, sino mucho antes, mediante la conservación activa, la gestión responsable del territorio.
Fuentes documentales
- Estrategia Forestal Española Horizonte 2050.
- Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad.
- Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes.
- Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural.
- Ley 7/2021, de cambio climático y transición energética.
- Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular.
- Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.
- Plan Forestal Español 2022-2032.
Consulta el documento completo de SIECE, con el desarrollo de las propuestas, fundamentos y referencias normativas y científicas.
