FÉLIX RODRÍGUEZ DE LA FUENTE, SU MENSAJE COMO CAMINO A SEGUIR.

Un día, escuché decir a alguien… «cuando Félix aparecía en pantalla, se paraba el tráfico en Madrid». Yo no tuve la oportunidad de poder ser testigo a tiempo real, del poder de repercusión mediática, que este hombre parecía tener sobre toda una sociedad hace ya más de 45 años, pero tengo que reconocer que también fui atrapado por esa impresionante voz, cuando tan solo era un niño, sin ser consciente de la magnitud de semejante personaje como naturalista y como comunicador.

 

Por suerte o por desgracia, vivimos inmersos en una era digital que requiere de inmediatez a la hora de consumir cualquier tipo de material y casi apenas podemos imaginarnos un tiempo en el cual, todo iba más despacio. Generalmente, todo lo que tarda en llegar es más deseado y todo lo que había sido esperado con impaciencia se intentaba disfrutar «en tiempo presente» como si no existiera nada después… era un momento único.

 

 Me imagino a esos niños que, sin ordenador, sin dispositivos móviles, sin redes sociales y con un solo canal de televisión; esperaban ansiosos a que Félix apareciera en pantalla para mostrarles las aventuras de un mundo mágico y para contarles cosas de la vida de esos fascinantes animales. Entonces, no se podía rebobinar, ni grabar, ni se tenía la oportunidad de poder disfrutarlo de nuevo así que, desde las primeras notas de la sintonía del también tristemente fallecido Antón García Abril, todo se empezaba a disfrutar de una manera muy especial sabiendo que, probablemente sería la última vez. Los ojos como brillantes luceros hambrientos de conocimiento y de imágenes insólitas, los oídos como antenas conectadas a esa maravillosa red del pensamiento y la concentración para no perder detalle de nada y el corazón encogido al escuchar por primera vez los aullidos del lobo, acompañados en su galope a cámara lenta por una música que, con un aura de misterio indescriptible, hacían de todo su conjunto, una auténtica obra de arte.

 

No es de extrañar que aquellos niños y niñas que hoy ya peinan canas (los más afortunados), todavía añoren a la figura de Félix Rodríguez de la Fuente con tanto cariño.

Todos ellos, recuerdan con quién solían ver la serie «El Hombre y la Tierra»… con sus padres, con sus hermanos, con sus abuelos, todos juntos en familia o con la única compañía de un bocadillo de chocolate.

 

Es evidente que no somos máquinas, que no tenemos un disco duro interno al cual se le podría borrar la memoria y lo que es más aun, que las personas vivimos de los recuerdos.

Es el recuerdo de lo que fuimos lo que nos hace ser quien somos a día de hoy y en este sentido, el legado que dejó Félix en la memoria de la gente fue simplemente inmejorable.

 

Pero realmente, ¿qué nos ha quedado de su mensaje? Yo creo que mucho, es más… estoy plenamente convencido de que si Rodríguez de la Fuente nunca hubiera existido, hoy en día ya se habrían extinguido muchas especies de las que entonces estaban siendo perseguidas sin descanso hasta el exterminio.

 

Nos enseñó que las aves rapaces son grandísimas aliadas del Hombre y de su mano, España se convirtió en el primer país europeo en proteger a las aves de presa. Por otra parte, gracias a su grandísimo esfuerzo por salvar de la extinción a una de las especies más odiadas de la historia de nuestra fauna, aún podemos disfrutar de algunos lobos en la península ibérica y en términos generales, fue el precursor de la ecología en un país que no tenía ninguna conciencia sobre la protección de la naturaleza.

 

También nos mostró imágenes nunca vistas hasta entonces y un mundo totalmente desconocido para todos. Nos permitió adentrarnos en el cubil del lirón careto, nos acercó con su cámara a los nidos de las grandes águilas, nos conmocionó con los espectaculares lances de caza de los depredadores sobre sus presas y nos enseñó como vivían las tribus paleolíticas… los indios del Alto Orinoco… los Yanomamis, los Bosquimanos de Tanzania… en definitiva, gracias a él nos conocimos al mismo tiempo un poquito más a nosotros mismos como especie.

 

Pero si algo me apasiona de Félix cómo comunicador son, más aún que sus documentales en televisión, sus relatos en la radio con su programa «La Aventura de la Vida». Es ahí donde realmente se puede descubrir la inmensidad de tan arrolladora personalidad.

«Aventura en Canadá», «Cuento de Lobos», «Relato Africanos» o «Cuento de Elefantes» son, al abrigo de una taza caliente en una mañana fría y lluviosa, una auténtica maravilla para la mente y un chute de sabiduría en un tiempo en el que, desgraciadamente, se suele desvirtuar «la palabra» con facilidad.

Sus monografías zoológicas, sus explicaciones referentes a la etología animal y sus tertulias en «Planeta Agua» y en la sección «La Noticia Ecológica» en la cual se exponían los problemas ecológicos de la época desde un punto de vista conservacionista, son a día de hoy, auténticas piezas de museo para los amantes de la naturaleza.

 

Pero resulta paradójico que, en la actualidad, todos los colectivos pretendan adueñarse de su discurso tomándolo como referencia a la hora de defender sus diferentes postulados en cuanto a la protección (o no) de la naturaleza se refiere y eso es algo que, por una parte, demuestra la capacidad que tenía de transmitir conceptos haciendo a todo el mundo participe de un pensamiento unánime por la conservación y por otra, el poder de persuasión que tenía, haciendo sentir cómodo a todo el mundo al otro lado de la pantalla o de las ondas, independientemente de su ideología o posición social.

 

Pero no nos confundamos… Félix era lo que era… un ecologista en su máxima expresión y solamente entendiendo el contexto en el cual se abordaban ciertos asuntos hace más de 45 años se logrará comprender su verdadero mensaje.

 

Me atrevo a pensar que «un Rodríguez de la Fuente actual» sería considerado por muchos, poco más que un  «antisocial» propulsor de la destrucción del mundo rural con sus pensamientos conservacionistas y creo firmemente que gran parte de su éxito, se debió al impacto que provocó un potentísimo mensaje que nadie se atrevió a rebatir en una sociedad con un total analfabetismo medioambiental.

 

Pero en un mundo que continúa la estela del dinero, de la producción inmediata, de la explotación de unos recursos llevados al límite y estando dirigidos a nivel global por políticos ineptos y poco valientes a la hora de redactar leyes medioambientales realmente efectivas, somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de continuar con su mensaje y en la medida de lo posible, empezar a remar en favor de la salud de una Madre Tierra que nos necesita más que nunca.

 

La intensificación agrícola y ganadera, el cambio climático, la caza y pesca furtiva, la destrucción de hábitats, y el desarraigo emocional con el medio, junto con discursos populistas que, como «zanahorias que hacen caminar al burro» nos llevan hacia el abismo de la incultura medioambiental, nos muestran día a día nuestra decadencia como especie en un mundo que se nos muere.

 

Habrá que espabilar y para ello, recuperar el discurso de nuestro añorado Félix Rodríguez de la Fuente, no estaría de más y yo diría que es fundamental.

 

Rubén Zafra Rodríguez 

                                                   04 de septiembre de 2025

 

 

Compartir:
Scroll al inicio